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Termina el día y el cuello está duro. Girás la cabeza para mirar atrás y sentís que algo tira. Los hombros están cerca de las orejas y ni te diste cuenta de cuándo subieron. Si te pasa, no sos la única: es una de las molestias más comunes de quienes pasan muchas horas frente a una pantalla.
En este artículo te cuento por qué se carga el cuello, te comparto seis posturas suaves para aflojarlo, una pausa de tres minutos para hacer en el escritorio y las señales que indican que es momento de consultar a un médico.
Por qué se carga el cuello
El cuello sostiene la cabeza todo el día, y la cabeza pesa. Cuando está alineada sobre los hombros, el trabajo se reparte bien. Cuando se adelanta, que es lo que pasa al mirar la computadora o el celular, los músculos de la nuca y de la parte alta de la espalda tienen que hacer mucha más fuerza para sostenerla.
A eso se suman otras cosas:
- Horas sin moverte. Un músculo que se queda en la misma posición mucho tiempo se endurece, aunque no esté haciendo un gran esfuerzo.
- La respiración alta. Cuando estás apurada o nerviosa, respirás con el pecho y los hombros. Los músculos del cuello terminan ayudando a respirar, y se cansan.
- El estrés. Frente a una preocupación, el cuerpo se pone en guardia: sube los hombros, aprieta la mandíbula, endurece la nuca. Si la preocupación no se va, la tensión tampoco.
- Cómo dormís. Una almohada muy alta o muy baja, o dormir boca abajo con la cabeza girada, también suman.
Por eso el cuello no se afloja solo estirándolo. Ayuda moverlo, sí, pero también soltar los hombros, abrir el pecho y respirar más abajo. Es la mirada que uso en mis clases de yoga para la espalda y las cervicales: el cuerpo que se mueve poco y la cabeza que no afloja, trabajados juntos.
6 posturas suaves con pasos
Antes de empezar, algunas reglas que no se negocian:
- Todo se hace lento, sin rebotes y sin forzar. Buscás una sensación de estiramiento suave, nunca dolor.
- Si algo duele, parás. Si aparece hormigueo en los brazos o las manos, parás.
- Si te mareás, volvé la cabeza al centro, abrí los ojos y respirá hasta que se pase.
- Evitá los círculos completos con la cabeza, sobre todo llevándola hacia atrás.
- Si tenés una lesión, una hernia cervical, un diagnóstico o estás embarazada, consultá con tu médico o kinesiólogo antes de practicar.
Las primeras cuatro se pueden hacer sentada en una silla. Sentate cerca del borde, con los pies apoyados y la espalda larga, sin apoyarte en el respaldo.
1. Mentón hacia atrás
- Mirá hacia adelante, con la cabeza derecha.
- Sin bajar ni subir la mirada, llevá el mentón suavemente hacia atrás, como si quisieras hacer papada.
- Sentí cómo se alarga la nuca. Quedate dos respiraciones.
- Soltá y volvé al centro.
- Repetí entre 5 y 8 veces.
Es un movimiento chiquito. Parece que no pasa nada, pero reeduca la posición de la cabeza sobre los hombros.
2. Oreja hacia el hombro
- Con los hombros bajos, inclinás la cabeza hacia la derecha, llevando la oreja hacia el hombro. El hombro no sube a buscarla.
- Para sumar, dejá caer el brazo izquierdo hacia el piso o sostené el borde de la silla con esa mano.
- Quedate entre 3 y 5 respiraciones, dejando que cada exhalación afloje un poco más el costado del cuello.
- Volvé al centro despacio y hacé el otro lado.
3. Giro suave
- Inhalá con la cabeza en el centro.
- Exhalando, girá la cabeza hacia la derecha, como para mirar por encima del hombro, solo hasta donde llegues cómoda.
- Inhalando, volvé al centro. Exhalando, girá hacia la izquierda.
- Hacé entre 4 y 6 giros de cada lado, acompañando el ritmo de la respiración.
4. Hombros arriba y soltar
- Inhalá y subí los dos hombros hacia las orejas, apretando un poco.
- Sostené un segundo.
- Exhalá por la boca y dejalos caer de golpe, como quien se saca un peso de encima.
- Repetí 5 veces. Después hacé 5 círculos lentos de hombros hacia atrás.
Muchas personas descubren acá cuánta tensión estaban sosteniendo sin darse cuenta.
5. Gato y vaca
- Ponete en cuatro apoyos: manos debajo de los hombros, rodillas debajo de las caderas. Si te molestan las rodillas, poné una manta doblada.
- Inhalando, llevá el pecho hacia adelante, la cola hacia arriba y la mirada un poco hacia adelante, sin tirar la cabeza hacia atrás.
- Exhalando, redondeá la espalda, empujá el piso con las manos y dejá que la cabeza cuelgue relajada.
- Repetí entre 6 y 8 veces, lento, siguiendo tu respiración.
Si no podés bajar al piso, hacelo sentada en la silla con las manos sobre las rodillas.
6. Hilo en la aguja
- Desde cuatro apoyos, inhalá y abrí el brazo derecho hacia el techo.
- Exhalando, pasá ese brazo por debajo del pecho, hacia la izquierda, con la palma hacia arriba.
- Apoyá el hombro derecho y el costado de la cabeza en el piso. Si no llega, poné un almohadón debajo de la cabeza.
- Quedate entre 4 y 6 respiraciones, sintiendo cómo se abre la parte alta de la espalda.
- Para salir, empujá el piso con la mano izquierda, volvé a cuatro apoyos y hacé el otro lado.
Para cerrar, sentate sobre los talones o acostate un minuto y respirá lento, llevando el aire hacia el abdomen.
Pausa de escritorio de 3 minutos
No hace falta que te levantes. Poné una alarma a media mañana y otra a media tarde, y hacé esta secuencia sin moverte de la silla:
- 30 segundos. Apoyá los pies, cerrá los ojos o bajá la mirada y hacé tres exhalaciones largas por la boca.
- 30 segundos. Mentón hacia atrás, 5 veces.
- 1 minuto. Oreja hacia el hombro, 30 segundos de cada lado.
- 30 segundos. Hombros arriba y soltar, 5 veces.
- 30 segundos. Entrelazá las manos detrás de la espalda o agarrate del respaldo, abrí el pecho y respirá hondo tres veces.
Aprovechá la pausa para mirar tu pantalla desde afuera: ¿está a la altura de los ojos? ¿El celular está en tu mano a la altura del pecho o te obliga a bajar la cabeza? Pequeños ajustes en el lugar de trabajo acompañan mucho lo que hacés en la práctica.
Cuándo consultar a un médico
Estas posturas pueden ayudarte a aliviar tensión en el día a día. No reemplazan la evaluación de un profesional. Consultá con tu médico o kinesiólogo si:
- El dolor empezó después de un golpe, una caída o un accidente.
- Sentís hormigueo, adormecimiento o debilidad en los brazos o las manos.
- El dolor es muy fuerte, no te deja dormir o empeora con los días.
- No mejora después de algunas semanas, aunque te muevas y descanses.
- Aparece junto con fiebre, dolor de cabeza intenso, mareos o cambios en la visión.
- Tenés un diagnóstico previo de la columna cervical y querés empezar a practicar.
Si ya tenés un diagnóstico y el visto bueno de tu médico, podemos trabajar con adaptaciones en una clase personalizada.
Si querés darle continuidad a esto, el programa Espalda liviana, 10 prácticas grabadas para cuello, hombros y espalda está pensado para personas que pasan muchas horas sentadas: prácticas cortas para hacer en casa, a tu ritmo. Y si preferís probar primero con acompañamiento en vivo, escribime por WhatsApp y coordinamos tu primera clase.

