Rutina de yoga por la mañana en 10 minutos

Mujer en pijama estirando los brazos hacia arriba sobre el mat junto a la cama, a la mañana

[VALIDAR CON ERIKA: artículo pendiente de aprobación. No se publica en producción sin su visto bueno.]

Suena la alarma. Antes de abrir bien los ojos, ya tenés el celular en la mano. Mensajes, noticias, el grupo del trabajo, lo que alguien subió anoche. Cuando te levantás de la cama, la cabeza ya está corriendo y el cuerpo todavía no se despertó.

No te lo digo desde un lugar de perfección. Tengo un hijo, mi tiempo es limitado y hay mañanas que empiezan a las apuradas. Justamente por eso armé esta rutina: diez minutos que se pueden hacer en pijama, al lado de la cama, sin mat si no tenés. Y una versión de tres minutos para los días en que diez es imposible.

Por qué moverte antes del celular

La forma en que empezás el día suele marcar el tono de lo que sigue. Si lo primero que recibís son estímulos de afuera, la atención se va hacia afuera y cuesta volver. Si lo primero que hacés es respirar y mover el cuerpo, le das a tu sistema nervioso un arranque más gradual.

Además, después de varias horas acostada, el cuerpo amanece rígido. La columna, las caderas y los hombros estuvieron quietos toda la noche. Unos minutos de movimiento suave pueden ayudarte a sentirte más despierta y más liviana, sin necesidad de un gran esfuerzo.

Hay algo más, que para mí es lo central. Esos diez minutos son tuyos. Antes de que empiecen las demandas del día, el trabajo, la casa, los demás, hay un momento en que la prioridad sos vos. No es un lujo. Es una forma de volver al cuerpo antes de salir al mundo.

Un consejo práctico: dejá el celular fuera del alcance de la cama. Si lo usás de alarma, ponelo lejos para tener que levantarte a apagarlo. Y no lo vuelvas a agarrar hasta terminar la rutina.

Rutina de 10 minutos paso a paso

Vas a necesitar un espacio donde puedas acostarte en el piso y, si querés, un almohadón. Podés empezar en la cama y pasar al piso cuando llegues a los movimientos de pie. Hacé todo lento. No hay nada que lograr.

Algunas precauciones: si en cualquier movimiento sentís dolor, parás. Si te mareás, sentate o acostate y respirá normal hasta que pase. Al levantarte hacelo despacio, sobre todo si tenés la presión baja. Si estás embarazada o tenés una lesión, consultá con tu médico antes de empezar.

1. Respirar acostada (1 minuto)

Todavía en la cama, boca arriba. Apoyá una mano en el pecho y otra en el abdomen. No cambies nada, solo notá cómo respirás. Después alargá un poco la inhalación, dejando que el abdomen se infle bajo tu mano. Seis respiraciones lentas.

2. Estiramiento largo (1 minuto)

Estirá los brazos por encima de la cabeza y las piernas hacia abajo, como si quisieras alargarte de punta a punta. Inhalá mientras te estirás, exhalá y soltá. Tres veces. Después estirá solo el lado derecho, brazo y pierna, y luego el izquierdo.

3. Rodillas al pecho y balanceo (1 minuto)

Doblá las rodillas y abrazalas hacia el pecho. Balanceate suave de un lado al otro, masajeando la espalda baja contra el colchón o el piso. Si te molesta la zona lumbar, abrazá una rodilla por vez.

4. Torsión acostada (2 minutos)

Con los pies apoyados y las rodillas juntas, dejá caer las rodillas hacia la derecha. Abrí los brazos en cruz y, si tu cuello está cómodo, girá la cabeza hacia la izquierda. Cinco respiraciones. Volvé al centro y cambiá de lado. Solo hasta donde se sienta bien.

5. Gato y vaca (1 minuto)

Pasá a cuatro apoyos, sobre la cama si es firme o sobre el piso. Al inhalar, dejá que el abdomen baje y abrí el pecho. Al exhalar, redondeá la espalda y llevá la mirada al ombligo. Ocho movimientos lentos. Si te molestan las rodillas, poné una manta debajo.

6. Postura del niño (1 minuto)

Llevá la cola hacia los talones y apoyá la frente en el piso, en tus manos o en un almohadón. Brazos hacia adelante o al costado del cuerpo. Dejá que la respiración llegue a la espalda.

7. De pie: estirarse hacia arriba y hacia los costados (1 minuto)

Levantate despacio. Con los pies al ancho de las caderas, inhalá y subí los brazos. Exhalá y bajalos. Tres veces. Después, con los brazos arriba, inclinate suave hacia la derecha, tres respiraciones, y hacia la izquierda.

8. Flexión suave hacia adelante (1 minuto)

Doblá bien las rodillas y dejá caer el tronco hacia adelante, con la cabeza y los brazos sueltos. Podés tomarte de los codos y balancearte un poco. Tres a cinco respiraciones. Para subir, apoyá las manos en los muslos y desenrollá la espalda de a poco, con la cabeza al final.

9. Cierre de pie (1 minuto)

Quedate parada con los ojos cerrados o la mirada baja. Sentí los pies en el piso. Hacé tres respiraciones largas. Antes de abrir los ojos, preguntate cómo querés transitar el día de hoy. No hace falta una respuesta elaborada. Una palabra alcanza: tranquila, presente, paciente.

Versión de 3 minutos para días imposibles

Hay mañanas en que te dormiste, el chico no encuentra la zapatilla y tenés una reunión a primera hora. Para esos días no abandones del todo. Hacé esto, aunque sea sentada en el borde de la cama:

  1. Tres respiraciones largas (30 segundos). Sentada, pies en el piso, manos en el abdomen. Exhalá un poco más largo de lo que inhalás.
  2. Estiramiento hacia arriba (30 segundos). Entrelazá los dedos, estirá los brazos por encima de la cabeza y crecé desde la cintura. Soltá.
  3. Gato y vaca sentada (1 minuto). Manos en las rodillas. Al inhalar abrí el pecho, al exhalar redondeá la espalda. Seis veces.
  4. Giro sentada (30 segundos). Mano derecha en la rodilla izquierda, girá suave hacia la izquierda. Dos respiraciones. Cambiá de lado.
  5. Un momento quieta (30 segundos). Ojos cerrados. Sentí el cuerpo. Después sí, arrancá.

Tres minutos parecen poco, y lo son. Pero muchas personas sienten que ese pequeño gesto cambia cómo encaran la mañana. Y es mejor tres minutos casi todos los días que diez minutos una vez al mes. La constancia importa más que la duración.

Si te gusta la idea y querés tener rutinas distintas para ir rotando durante la semana, armé Despertar con el cuerpo, un programa de yoga por la mañana con cinco rutinas cortas y suaves de 10 a 15 minutos, para hacer en pijama si querés. Y si preferís empezar practicando en vivo conmigo, escribime por WhatsApp y coordinamos tu primera clase. No necesitás experiencia ni ser flexible.

Estas clases son un acompañamiento desde el cuerpo. No reemplazan tratamiento médico ni psicológico. Si tenés un diagnóstico, consultá a tu médico.

Erika

Escrito por Erika, profesora de yoga integral. Más de 8 años enseñando.

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