[VALIDAR CON ERIKA: artículo pendiente de aprobación. No se publica en producción sin su visto bueno.]
Cuando alguien me pregunta qué tipo de yoga enseño, respondo: yoga integral. Y casi siempre la siguiente pregunta es “¿y eso qué es?”. Tiene sentido. Hay tantos estilos con nombres raros que es fácil perderse.
En este artículo te lo explico sin vueltas: qué es el yoga integral, cuáles son sus pilares, cómo es una clase y por qué elegí formarme en este camino.
Qué es el yoga integral
El yoga integral es una forma de practicar que no se queda solo en las posturas. Junta en una misma clase el movimiento, la respiración, la relajación y la atención. La idea es que la práctica abarque a la persona entera: el cuerpo que se mueve, la respiración que lo acompaña y la cabeza que aprende a estar donde estás.
El nombre se usa en distintas tradiciones, y conviene saberlo para no confundirse cuando busques información. En la India, el filósofo Sri Aurobindo habló de un yoga integral como un camino espiritual amplio. Más tarde, Swami Satchidananda, discípulo de Swami Sivananda, llevó a Occidente una escuela con ese mismo nombre, muy centrada en la práctica diaria. Hoy, en muchas escuelas de habla hispana, “yoga integral” nombra sobre todo esa práctica completa que combina posturas, respiración, relajación y meditación.
Lo que tienen en común todas estas miradas es una idea: el yoga no es un ejercicio más. Es una forma de cuidar cómo vivís en tu cuerpo, y eso incluye cómo respirás, cómo descansás y cómo prestás atención.
Una aclaración importante: no hace falta creer en nada ni adoptar una filosofía para practicarlo. Podés tomar lo que te sirve. Mucha gente llega por la espalda o por el insomnio y se queda porque descubre que sale de clase con la cabeza más quieta.
Sus pilares (movimiento, respiración, relajación, atención)
Distintas escuelas los ordenan de maneras diferentes, pero en la práctica todo se apoya en estas cuatro patas. Ninguna es más importante que otra. Juntas, se sostienen.
Movimiento
Son las posturas, lo que en sánscrito se llama asanas. En el yoga integral no se trata de lograr formas difíciles. Se trata de mover la columna en todas sus direcciones, fortalecer de a poco, aflojar las zonas que cargan y aprender a sentir tu cuerpo desde adentro. Cada postura tiene opciones, y la mejor versión es la que te permite respirar tranquila.
Respiración
La respiración es el puente entre el cuerpo y la cabeza. Cuando estás nerviosa, respirás corto y alto. Cuando estás tranquila, respirás lento y bajo. En clase trabajamos ese puente en las dos direcciones: aprendés a notar cómo respirás y a usar la respiración para bajar revoluciones. Son herramientas que después te llevás al colectivo, a una reunión difícil o a la cama.
Relajación
Casi todas las clases de yoga integral cierran con una relajación guiada, acostada y quieta. Para muchas personas es la parte que más les cuesta y la que más extrañan después. Descansar con atención, sin dormirte y sin el celular, es algo que casi nadie hace en el día. Acá tiene su lugar propio, no es un premio para el final.
Atención
Es el pilar menos visible y quizás el que más cambia las cosas. Practicar con atención quiere decir estar en lo que estás haciendo: sentir el pie en el piso, notar dónde se tensa el hombro, darte cuenta de que la cabeza se fue a la lista de pendientes y volver. Eso, repetido clase tras clase, se parece mucho a la meditación, aunque no te sientes con las piernas cruzadas.
Cómo es una clase
Cada profe tiene su estilo, pero una clase de yoga integral suele tener esta forma:
- Llegada. Unos minutos sentada o acostada para registrar cómo estás hoy. Sin juzgar, solo mirar.
- Respiración. Ejercicios simples para empezar a bajar el ritmo y conectar con el cuerpo.
- Calentamiento. Movimientos suaves de cuello, hombros, columna y caderas.
- Posturas. Una secuencia con opciones para cada cuerpo. Algunas de pie, otras en el piso. Se alternan esfuerzo y pausa.
- Relajación. Entre cinco y quince minutos acostada, con una voz que te guía.
- Cierre. Un momento sentada para volver de a poco antes de seguir con tu día.
No necesitás experiencia ni ser flexible. Necesitás ropa cómoda, un lugar donde acostarte y ganas de darte el espacio. Si algo te duele, parás. Si te mareás, te sentás y respirás. Si tenés una lesión, un diagnóstico o estás embarazada, consultá con tu médico antes de empezar y contale a tu profe.
En mis clases pongo el foco en la coordinación entre el movimiento y la respiración y en estar presente. Soy suave pero firme: doy instrucciones claras y siempre ofrezco alternativas. Sobre esta base del yoga integral armo cada clase pensando también en lo emocional que se guarda en el cuerpo. Eso es lo que llamo yoga con enfoque terapéutico: las mismas herramientas, elegidas y adaptadas para acompañar el estrés, la ansiedad, el mal dormir o la espalda cargada.
Por qué elegí esta formación
Yo no llegué al yoga buscando un estilo. Llegué en un momento difícil, después de ser mamá, cuando atravesé una depresión posparto y me sentía lejos de mi cuerpo y de mí. La práctica me fue devolviendo, de a poco, a un lugar más habitable. No fue mágico ni inmediato. Fue constancia.
Mi primera formación fue un instructorado de yoga comunitario en Venezuela, en 2015. Después me formé en yoga integral en una escuela española, de manera online. [PENDIENTE: nombre de la escuela y año de la formación]
Elegí el yoga integral porque se parecía a lo que a mí me había ayudado. No era solo estirarme. Era aprender a respirar distinto, a descansar de verdad y a darme cuenta de lo que me pasaba antes de que me desbordara. Las cuatro patas juntas. [VALIDAR CON ERIKA: los motivos por los que eligió la formación en yoga integral, en sus palabras]
También lo elegí porque es un yoga que no te pide ser de ninguna manera para empezar. Durante mucho tiempo pensé que había que ser “muy yogui” para enseñar o para practicar. Hoy sé que no. Hace falta presencia, honestidad y ganas de acompañar. Si querés conocer más de mi historia y de mi recorrido, te lo cuento en mi página sobre quién soy y cómo me formé.
Si te dio curiosidad, la mejor forma de entender qué es el yoga integral es vivirlo una vez. Escribime por WhatsApp y coordinamos tu primera clase: con movimiento, respiración y una relajación guiada para cerrar. Tu cuerpo ya sabe más de lo que creés.

